miércoles, 3 de febrero de 2010

El Sueño de Gordito II

Desde entonces Gordito y Lola estaban siempre juntos, bueno, cuando Gordito no estaba durmiendo o comiendo, claro.
Un día el sueño de Gordito cambió, todo transcurría igual hasta que Suave emprendía de nuevo su vuelo, pero esta vez a Gordito sí le daba tiempo de hacer una nueva pregunta:
-¿Dónde has conseguido esas alas?
Y Suave, sin hacer caso a la pregunta le gritó desde lejos:
-Emprende tu camino, ya es hora, emprende tu camino.
-¿Adónde?, -gritó Gordito, ¿a dónde?¿Adónde?, -pero aquí sí que se despertó y se sintió muy triste porque no podía descubrir a dónde tenía que ir.
A partir de este sueño Gordito tenía en la mente una idea muy clara, tenía que hacer un viaje, Suave le había dicho que la buscara en su corazón, pero por más que le preguntaba a su corazón dónde estaba Suave, dónde estaba el país de esos seres mágicos y hermosos, el corazón no le respondía nada.
-Soy como tú, - le decía Suave, - sin embargo Gordito no encontraba parecido. En estas cavilaciones estaba cuando Lola llegó a enseñarle su nueva canción. La mariquita empezó a cantar y a taconear no sé qué de la primavera y las flores amarillas, pero Gordito no se concentraba en lo que su amiga hacía, hasta que Lola dio un fuerte taconazo y un grito que sobresaltó al gusano.
-Gordito, ¿ya no eres mi amigo? No me haces caso.
-Perdona Lola, es que estaba pensando.
-¿Pensando?,-preguntó Lola extrañadísima porque ella sólo pensaba cuando estaba preocupada, y sólo se preocupaba si las flores que más le gustaban dejaban de estar dulces, o si se volvía afónica.- Si estás pensando es que estás preocupado.
-Creo que sí, - respondió quedo el gusanito.
-¿No tienes suficiente comida? ¿Te molestan esas orugas gruñonas?¿No duermes bien? Si quieres te traigo yo misma más hojas frescas, o les digo a las orugas que se callen ya y dejen de cotillear, o te traigo brotes de sauco para que duermas bien y una luciérnaga pequeña y risueña para que ilumine tus noches.
-No, no, no es eso, es que, es que...
-¡Ay!, dilo ya.
-Es que voy a hacer un viaje muy lejos.
-¡Ah, un viaje!- Dijo maravillada Lola, - un viaje,- repitió esta vez preocupada.
-Sí, voy al país de Suave.
-¿Del insecto ese que vuela en tus sueños?
-Sí.
-Pero un viaje es peligroso, y tú no eres más que un gusano pequeño y gordinflón. Te perderás.
-Pero es que tengo que ir, tengo que ir.
-¿Quién te ha dicho que tienes que ir?
-Mi corazón.
A eso Lola no supo que replicar, así que se mantuvo callada y con un mohín salió volando y se posó enfadada y preocupada en otra rama. Gordito pidió prestado un trozo de tela a las orugas, que se lo dieron no sin antes someterle a mil y una preguntas, y con ella hizo un hatillo repleto de hojas, lo colgó a su revés y se despidió de todos, también quiso despedirse de Lola, pero no pudo encontrarla, así que impaciente, pero triste, comenzó a deslizarse hacia abajo del árbol.
Al pasar cerca de la cigarra sabia, ésta le dijo:
-Gordito, no te alejes mucho, el camino es corto.
-Sí, ¿pero dónde está?
-Sólo tú puedes descubrirlo.
-Vale, - dijo Gordito con un movimiento de cabeza.
-Ten cuidado con los pájaros y las hormigas, arrástrate siempre debajo de hojas y cortezas, y si tienes algún problema pregúntale a los escarabajos peloteros, son bravucones, pero nobles, y a mis primos los grillos, ellos te ayudarán.
-Gracias amiga cigarra, - dijo Gordito tratando de memorizar todos los consejos. Y siguió deslizándose tronco abajo.
Lola se quedó arriba muy triste, tan triste, que empezó a llorar muchísimo, hasta que sus zapatos se empaparon de lágrimas saladas. Entonces la cigarra sabia, que siempre estaba al tanto de todo, le dijo:
-Lola no llores, tu no estás hecha para eso, tú lo mejor que haces es bailar.
-Pero estoy triste, - dijo Lola entre sollozos.
-Lo mejor cuando uno está triste es hace aquello que más le gusta en el mundo, y así uno vuelve a estar contento. Así que, ¿ por qué no cantas?
La mariquita se enjugó las lágrimas, llenó de aire sus pulmones y se dispuso a cantar, pero de su boca no salía ningún sonido.
-No puedo, -dijo entre mocos y lágrimas.
-Eso es porque cantar no es lo que más te gusta en el mundo, debe haber alguna otra cosa.
-Estoy triste porque se va Gordito.
-Entonces a lo mejor lo que más te gusta es tener amigos, - aventuró la cigarra.
-Síiiiiiiiiii, - su rostro se iluminó, acabaron los sollozos, volvieron los colores a sus mejillas y sin pensarlo dos veces, sacó sus alas y rápidamente de dirigió tronco abajo, - voy a buscarle.
Gordito se deslizaba dificultosamente por la rugosidad del olmo y Lola lo alcanzó pronto, justo cuando pasaba al lado de una familia de babosas que vivían en un gran y anaranjado hongo casi en el pie del árbol.
-Hola, - dijo mientras se posaba a su lado.
-Hola, Lola, ¿vienes conmigo?- Preguntó Gordito ilusionado.
-Sí, tu me salvaste una vez, ¿quién te va a salvar a ti ahora si te ves en peligro?
-Gracias amiga, en marchaaa.
Pero Gordito se quedó pegado en uno de los caminos de babas que había cerca del hongo, y Lola tuvo que ayudarle a despegar el cuerpo.
-¿Ves?- Dijo Lola, y los dos se echaron a reír.

Las babosas eran unos bichitos muy, pero que muy, pobres, tan pobres que no tenían ni siquiera jabón para lavarse. Papá babosa y mamá babosa estaban todo el día buscando comida para sus babositas. Iban y venían todo el tiempo y por donde pasaban iban dejando un rastro plateado y pegajoso. Los demás insectos del olmo despreciaban a las babosas porque las consideraban sucias y malolientes, pero ellas hacían todo lo posible por caer bien a la gente, de hecho, mamá babosa y papá babosa habían formado un circo con toda su familia, y de vez en cuando organizaban una función. Papá babosa subía encima de tallos de champiñón haciendo equilibrio e intercalando los tallos con bayas duras y redondas de enebro, los niños babosas sabían hacer de todo: uno era mago, otro trapecistas, otro sabía lanzar bolas de baba y hacer malabares con ella, y mamá babosa se pintaba la nariz de rojo y hacía reír a todo el mundo, por eso la llamaban la babosa payasa. Pero la historia de esta familia es otra distinta a la de Gordito y Lola, quienes seguían su camino hacia la tierra.

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